GUERRERO CHIMALLI

Interludios Caminata 

En defensa del Guerrero Chimalli
Juan Carlos Cano

Y así, de rebote y con muchos rodeos, llegamos a las obras del chihuahuense Enrique Carbajal alias Sebastián. Antes que nada, al menos a mí me sucede, hay que quitarse una serie de prejuicios con respecto al personaje, no necesariamente estéticos. Pero también. Habría que preguntarse cómo alguien que participó de manera activa en la que es quizá la mejor pieza de land-art en México, el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria, terminó produciendo, casi a destajo, decenas de piezas que son precisamente lo contrario de esa creación tan sutil y elegante que entiende el paisaje volcánico, lo manipula con pocos gestos y lo transforma en un espacio contemplativo de una significación tan profunda como poética. Las obras de Sebastián son el extremo opuesto, poseedoras de una falta de sentido de la escala, un desprecio por el contexto y una lectura tan superficial del paisaje. Eso sí, con un gran entendimiento de la función política de la monumentalidad y una afirmación chocante de un egocentrismo desmedido. Eso es lo que causa escepticismo, que la intención de las obras a gran escala de Sebastián sea más política que artística. Todo gobernador que se precie usa guayabera en la playa y se interesa por una escultura monumental de Sebastián en su ciudad. No importa que sean obras inconclusas como los Arcos del Milenio en Guadalajara, o el Monumento al mestizaje mexicano, inmerso, como la llegada de Quetzalcóatl, en el Mar Caribe frente a Chetumal, o el incomprensible regalo del gobierno mexicano a Irlanda para echar a perder un paisaje marítimo sereno con una escultura llamada Awaiting the Mariner. Y eso sí, todas ellas con un mensaje de optimismo nacional o de orgullo de la región, el Paulo Coehlo de la escultura.

De todas ellas, quizá la obra que ejemplifica que el monumentalismo mexicano puede servir como metáfora de la realidad nacional contemporánea es el Guerrero Chimalli. Este robot rojo y gigantesco se ubica en la avenida Bordo de Xochiaca, en el corazón de Chimalhuacán, Estado de México. Territorio de Antorcha Campesina. La zona está llena de oportunidades, como todo el oriente de la Zona Metropolitana del Valle de México. A lo largo de esta avenida se extiende un camellón enorme con magníficas posibilidades de convertirse en un parque lineal de ocho kilómetros de extensión que se convierta en el centro de toda esta zona. Hoy en día, hay actividades múltiples, tianguis de venta de automóviles, equipamientos técnicos, áreas educativas, centros comerciales, tiraderos de basura, deshuesaderos de autos viejos, áreas en desuso. Y de pronto, aparece un parque pequeño, una estación de Mexibús y el Guerrero Chimalli. Si uno pensara racionalmente, este parque podría concebirse sin grandilocuencias, es decir, sin necesidad de un guerrero rojo, recuperando la vegetación, fomentando el comercio aledaño, tratando el agua. Y no. Se opta por invertir en una escultura de un guerrero futurista con escudo y antorcha, con un mirador panorámico y una base neoazteca de factura lamentable. ¿Era necesario? Esa es la cuestión, podría existir sólo el parque, pero hay algo en esta monumentalidad anacrónica que nos recuerda que a veces se necesita del ruido, el grito involuntario, para que el espacio público sea aceptado y asimilado como propio. Sí, vivimos tiempos vulgares, la discreción no es lo nuestro.

Chimalhuacán
Axel Arañó

El pueblo de Chimalhuacán le da nombre a este municipio ubicado al oriente del estado México entre los municipios de Nezahulcoyotl y Chalco. Esta población de origen prehispánico fue fundada hacia el año 1250 DC por tres jefes hermanos procedentes de Texcoco y posteriormente integrada a la triple alianza establecida con Tacuba y Tenochtitlan. Ubicada en la ladera norte del cerro de “Los escudos” de donde deriva su nombre, cumplía las funciones de puerto de embarque hacia Tenochtitlan y de sus laderas se extrae hasta la fecha piedra volcánica que en aquel entonces sirvió para las edificaciones y esculturas de la capital mexica. Todavía en los años 50 del s XX remanentes aledaños del lago de Texcoco servían como sustento de una centenaria cultura lacustre preservada por sus habitantes. Aquí Nezahualcoyotl, acompañado por Moctezuma decretó una amnistía para quienes habían peleado contra ellos de lado de los Tepanecas. En la zona arqueológica denominada Los Pochotes se pueden apreciar restos de los taludes y edificaciones construidos en esa época y que posteriormente durante la colonia fueron derribados en su mayoría para construir varias iglesias y edificios.

Durante los años 70 del pasado siglo el crecimiento descontrolado de la ciudad de México alcanzó esta población cambiando por completo la fisonomía de su paisaje a la vez que trayendo pobladores de otras partes del país que han superado ampliamente en número a los pobladores originales.

Muchos de estos nuevos pobladores están afiliados o relacionados al grupo político denominado Antorchista o Antorcha Campesina. Fundado en 1974 en la paupérrima región de la Mixteca Baja del estado de Puebla, el clientelismo político ha caracterizado las actividades de este grupo que entre sus actividades contempla utilizar poblaciones de menores recursos traídas del campo, como mendigos en los transportes y las calles de diversas ciudades, para allegarse de recursos que comparten en un mínimo porcentaje con los subempleados.

Si el aledaño municipio de Nezahualcoyotl tenía ya como símbolo de identidad un enorme coyote en una de sus cruceros más importantes, el de Chimalhuacán no se podía quedar atrás. Aludiendo a la mitología de su fundación, en el año 2008 se le encargó al escultor Sebastián, también autor del Coyote, la construcción de una escultura monumental que representará al Guerrero Chimalli. Terminado en 2014, este monumento de 60 metros de altura ha sumado al tradicional escudo un notorio mazo que fácilmente puede confundirse con una antorcha, como símbolo contundente de la supremacía numérica y política de los recién llegados. El gesto monumental y desafiante con el que se dirige a la ciudad parece confirmar la sentencia de unos de sus fundadores, “en un futuro próximo todo México será Chimalhuacán”

Axel Arañó
Durante más de 30 años ha desarrollado una práctica extendida de la arquitectura que abarca tanto la realización de proyectos en diversos géneros y escalas, y el desarrollo de estudios e investigaciones, como una extensa trayectoria en la docencia. Miembro del Sistema Nacional de Creadores del año 2000 al 2006 y desde el 2013 a la fecha, fue también ganador de la beca para Jóvenes Creadores en 1990. Ha sido editor y coautor de los libros: “Arquitectura Parlamentaria en México, dos siglos de recintos para el diálogo” (2010) y “Arquitectura Escolar, SEP 90 años” (2011). Entre sus obras construidas destacan el auditorio de la FES Iztacala y la Unidad de investigación y seminarios de la FES Acatlán, ambas de la UNAM, la Casa Cruz, el edificio Taine 4 X 6, la casa R+CH y la nueva planta de la Cervecería Modelo en Piedras Negras, Coahuila. Ha sido maestro de proyectos en el taller Max Cetto de la Facultad de Arquitectura de la UNAM de 1994 a 2003 y de la Universidad Iberoamericana desde 2005.

Diego Pérez García
Dentro de su práctica interdisciplinaria se distinguen dos líneas principales. Por un lado trabajos preocupados con el sitio-específico que comienzan con una investigación de la realidad subjetiva y tienden a involucrar algún tipo de interacción social. Por otro lado piezas formales en las que explora el uso de materiales, movimientos y espacios, un trabajo de taller más íntimo y meditativo que también posee una cualidad lúdica. Su obra se encuentra en la Colección Jumex, la Fundación Televisa, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y la colección Patricia Phelps de Cisneros. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores.