INTERLUDIO 28

INTERLUDIOS DE ESTUDIO

ESTUDIO GRACIELA ITURBIDE

¿Cómo influencia el espacio arquitectónico a la producción artística y viceversa? Ésta es la pregunta que se pretende indagar a través de una serie de visitas a casas y estudios de artistas relevantes en el entorno mexicano. Son objeto de esta investigación las conexiones que se producen entre un contexto espacial y sensorial —visual, sonoro, material— y la obra que se concibe o se realiza en él. Se profundizará en la discusión a lo largo de varios meses, al adentrarnos en la atmósfera de creación de ciertos autores clave. Cada evento se configura literalmente in situ con un carácter específico que deriva de la personalidad del espacio que se visita y de la persona que lo habita.
Así, este ciclo conecta conceptualmente los tradicionales viajes de estudio de los arquitectos modernos a obras emblemáticas de la antigüedad con la actual práctica de los studio visits.

El pasado jueves 2 de junio tuvo lugar la cuarta visita del ciclo Interludios de Estudio en el Estudio Graciela Iturbide, diseñado por Mauricio Rocha y Gabriela Carrillo en el Barrio del Niño Jesús en Coyoacán. El estudio, que se encuentra en la última fase de construcción, queda al lado de la Casa-Estudio de Iturbide, proyectada por su hijo Mauricio Rocha en 1990. Esta proximidad permitió la visita simultánea del futuro estudio y de la casa, donde terminó el interludio y la fotógrafa mexicana platicó sobre su trayectoria y la inminente mudanza de parte de su material al nuevo espacio.

Estudio Graciela Iturbide

Taller | Mauricio Rocha + Gabriela Carrillo

En un terreno de 7×14 en el Barrio del Niño Jesús y a solo algunos pasos de casa de Graciela surge en el contexto una pequeña torre de apenas tres niveles que extruye de manera literal sus medidas en planta para convertirse en una sólida pieza de barro que se deconstruye ante su propia materialidad en muy finas y casi imperceptibles tensiones de acero.
En su interior tres planos de madera, concreto y mármol aparecen tensados de un lado a otro creando un par de vacíos de múltiples alturas, seguramente plagados en un futuro cercano por unos jardines mágicos, autoría de su propietaria.
Sus fachadas interiores insinúan de manera casi imperceptible las condiciones de las colindancias que las rodean con un barro que deja o no pasar la luz para después convertirse en sombras.
Los servicios, las circulaciones y el gran librero se agrupan en un elemento vertical que se integra a los muros contenedores para prácticamente desaparecer y solo darle cuerpo al volumen de barro.
Una pieza que ante todo busco el silencio, la síntesis, el uso continuo, repetitivo y casi obsesivo de un solo material. Aprovechó de manera estratégica su ¨forma¨ y proporciones para desaparecer el concreto de su estructura y volverse casi autoportante.
Una pieza que busca ser masa y vacío, un volumen etéreo que desaparece con la luz y con la sombra; que deje de ser, para que la potente atmósfera que trasmina esta mujer quve tanto admiramos lo habite y lo haga suyo.