Liga 14

MAPA

ESPACIOS EN ESPACIOS

MAPA EN LIGA

Introducción

La madurez de los jóvenes y el notable cambio de formato y abordaje

¿Qué hacen hoy los jóvenes arquitectos cuando se reciben? Permanecen juntos, en grandes grupos, y forman un estudio. Esta acción, o reacción a la coyuntura, se ha repetido cada vez con mayor y más frecuencia en el contexto sudamericano. Es decir, los nuevos estudios de arquitectura surgen como respuesta afirmativa frente a un contexto que les niega posibilidades. Su organización se anticipa, en general, a la propia demanda de trabajo. Más largo y más difícil, sin duda, pero ha sido el camino emprendido por innumerables jóvenes de este lado del mundo. Esto se ha difundido a tal punto que se puede decir que han inventado un nuevo formato de organización profesional para hacer posible su inserción en la actividad disciplinar.

En ese nuevo formato es que se funda el estudio MAPA.

El origen de este formato, hoy adoptado de manera sistemática por los nuevos estudios, se remonta al inicio de la década de 1990. Más allá de la falta de posibilidades de trabajo, dictada por la condición económica, dos condiciones coyunturales terminaron por impulsar a los jóvenes hacia esta alternativa hace ya más de dos décadas. La primera fue la recuperación del proceso democrático, que permitió cierta reestructuración de instituciones fundamentales para la práctica de la arquitectura en diálogo con la crítica: escuelas, concursos, exposiciones, debates y publicaciones. No es que esa reestructuración se haya producido por una política cultural consecuente; de hecho no fue así; pero puede constatarse que en un proceso democrático existe más espacio para el diálogo cultural entre instituciones y que éstas tienden a consolidarse, aunque de manera improvisada o precaria. La segunda condición es la multiplicación del número de escuelas de arquitectura y, en consecuencia, la explosión del número de arquitectos.

Este nuevo formato implica compromiso y, sin duda, disposición al diálogo. Pero no basta la disposición, es necesario entrenar para que el diálogo sea efectivo en aquello que interesa: proyectos de arquitectura que tengan sentido, más apropiados a cada contexto y mejor elaborados. Este entrenamiento, indudablemente, ha sido privilegiado en el campo de la universidad. No me refiero a una escuela específica, digo universidad para referirme a su conjunto, la institución sin parangón, difundida mundialmente y que, hoy más que en cualquier otra época, tiene sus unidades interrelacionadas en extremo gracias a los programas de intercambio académico y al entusiasmo de los estudiantes comprometidos con esos programas. En otras palabras, el diálogo entre diferentes escuelas sólo es posible gracias a la acción de los estudiantes dispuestos al diálogo abierto, entre distintas instituciones y contextos culturales diversos. Es en este sentido que me refiero a cualquier escuela en su aspecto más singular, al evento que promueven y que no tendría otro espacio para existir: cada una de ellas agrega (es una suposición) cerca de una centena de nuevos estudiantes cada año y los coloca en convivencia diaria por cerca de cinco años y, en consecuencia, para toda la vida. Estas universidades aportan un nuevo grupo de jóvenes que comparten intereses, suman entusiasmos y que desean desarrollar, juntos, una actividad.

Esta capacidad de diálogo caracteriza la producción y define la disposición productiva de la que se nutre el estudio MAPA.

Podríamos suponer que, en parte como consecuencia del contexto en el que estos arquitectos se formaron, y principalmente debido a los valores que se cultivan en ese proceso, para ellos la arquitectura es, sobre todo, una actividad colectiva, compromiso y manifiesto; sin abdicar de la invención, sin renunciar a la autoría. Fueron capacitados en grupos, tienden a liberarse de los caprichos individuales. Por eso es pertinente decir que, en buena medida, los arquitectos jóvenes de hoy son más maduros que las generaciones que los precedieron. En el plano cultural, llegarán más lejos.

Hay claras señales de evolución, y en ese aspecto la propia formación de MAPA es un estandarte.

Existe un rasgo cultural que signa como una marca de nacimiento a todos los países de América del Sur. Una herencia terrible por la cual, la condición de miseria económica, proveniente del pasado colonial, se extiende de manera absurda al campo cultural. Ese rasgo imprimió en los países una deformación de abordaje que se caracteriza por una mirada verticalizada: se mira para arriba con envidia, para abajo con desprecio, y no se mira a los lados por nada del mundo. Así es que durante más de 500 años hemos cultivado un patrón cultural establecido y fijado en el modelo, digamos, europeo. Al mismo tiempo, hemos alimentado un desprecio sistemático por los valores culturales vecinos, además de los propios. Este rasgo se presentó como insuperable más de 500 años. Por lo tanto, es notable que hoy, de manera sorprendente, se hayan multiplicado las señales que anuncian un cambio cuyo objetivo es el de superar aquella herencia. Esto se hace manifiesto en la amplitud del diálogo y en el creciente intercambio, de manera destacada una vez más, entre estudiantes y jóvenes arquitectos de países vecinos de América del Sur.

Ésta es la notable bandera de MAPA: un estudio de matriz cultural híbrida, formado por jóvenes arquitectos uruguayos y brasileños. Ellos mismos reconocen que comparten cuestiones comunes y suman el repertorio generado en uno y otro contexto para responder a las demandas. Desde su alienación dan pruebas de tener arsenal para un diálogo capaz de sumar fuerzas, e incluso en algo que hasta ahora era doblemente despreciado. Ellos testifican que están recorriendo un camino para superar aquel legado de una mirada cultural verticalizada. Además, la composición del grupo es numerosa; cuenta con seis socios: Luciano Andrades, Matías Carballal, Rochelle Castro, Andrés Gobba, Mauricio López y Silvio Machado, además de varios colaboradores, lo cual demuestra que para ellos el compromiso y el manifiesto deben estar por encima de las veleidades individuales. Al contrario, por su amplia formación, anuncian efusivamente que la arquitectura es una actividad colectiva, y abanderan esa idea.

No es poco. Es mucho más que un buen inicio. Estos jóvenes son más maduros. Más aún, la producción de MAPA con por lo menos tres proyectos tan consagrados y de escalas distintas [Sede Administrativa del CREA Paraíba, 2010; MINIMOD, Rio Grande do Sul, 2013; Casa en Xangrilá, Rio Grande do Sul, 2010-2013] da ya pruebas suficientes de que se trata de un estudio consolidado.

MAPA en LIGA

La exposición de MAPA en el espacio de LIGA, México, debe ser doblemente celebrada.

A pesar de que LIGA se fundó hace apenas tres años, por iniciativa de los arquitectos Abel Perles, Carlos Bedoya, Víctor Jaime, Wonne Ickx [PRODUCTORA] con Ruth Estévez, curadora y crítica de arte, ha tenido una actuación notable, de modo que sus exposiciones trimestrales, interludios, conferencias y workshops ya reunieron muchos de los nuevos exponentes, con especial atención en arquitectos jóvenes. LIGA ha abierto un espacio importante en consonancia con una curaduría audaz, pues define su papel al explorar nuevos nombres de la producción arquitectónica contemporánea, es decir, exhibe una obra joven y contundente, ampliando el espacio para la reflexión, colocando en el centro del debate una producción sorprendente e innovadora.

Con este rumbo, tenemos la impresión de que con cada nueva convocatoria LIGA agrega un nuevo nombre a su causa, que es también la causa de tantos otros, que sabe identificar y es, asimismo, la misma causa que anima a la producción de los jóvenes arquitectos del mundo contemporáneo, en particular del continente sudamericano: la disposición para el diálogo, la arquitectura como actividad colectiva y la mirada abarcadora y participativa.

De esta forma, la muestra de MAPA es una forma de prospección a futuro, pues marca el encuentro entre jóvenes arquitectos con presencia en Brasil y Uruguay que llegarán a México para narrar, a través de su obra, lo que vislumbran como desdoblamientos del ejercicio profesional.

Comentarios sobre la muestra Espacios en espacios, de MAPA

Pensar una obra de arquitectura no es lo mismo que pensar una obra de arte para una exposición. En este sentido, un arquitecto no es un artista. Por lo tanto, la invitación para participar en una exposición en la que la obra se exponga de modo similar a una obra de arte, un arquitecto la enfrenta como un desafío o, mínimamente, como una alerta: la de no confundir el propósito de su profesión. En otras palabras, es necesario encontrar el recorte adecuado, hacer de la obra una exposición de motivos, de valores, una especie de comentario sobre su propio proceso de pensar la arquitectura. Este recorte es de notable acierto en la muestra propuesta por MAPA para LIGA. Está guiada por cuatro operaciones descritas con nitidez: [1] de la repetición a la serie, espacios en espacios; [2] la disposición seriada, variable vertical; [3] la operación básica, el interior expuesto; [4] la espacialidad relacional, el espacio difuso. Se infiere, por lo tanto, que se trata de un razonamiento operativo que los guía en el proceso de elaboración de un proyecto arquitectónico. Operación en oposición a composición, en el sentido de que se trata de una acción intermedia para producir un efecto o resultado. Es una acción a través de la obra, que se entiende más como un juego de fuerzas con el medio que un juego de formas. Claro, es un modo de pensar, informado por la condición metropolitana, que se caracteriza por la disolución del objeto dentro de un conjunto banalizado por la escala. En este proceso se experimentan dos constataciones contradictorias: en un primer momento se tiene la impresión de que la obra pierde valor por la disolución; pero enseguida se constata que ésta tiene su potencia ampliada al extremo, pues reverbera en el universo como si todo lo que había antes se asociara a lo nuevo, en el discurso para propagar la misma idea.

Dentro de este panorama se puede comprender la obra propuesta por MAPA.

Se trata de una obra que dialoga entre esa condición metropolitana y la acción que ésta demanda para imprimir una dimensión humana al mundo. Sobre esa búsqueda, la propuesta realiza algo impresionante, promueve un aplanamiento del tiempo para que la condición contemporánea, habitar la metrópolis, reencuentre su más profunda antigüedad sobre la idea de vivir en los trópicos.

Veamos como realizan eso.

El “elemento básico”, aquel prisma vertical de madera tallada al estilo rústico que se repite tantas veces como es posible dentro del ambiente expositivo, se separa mínimamente del otro, apenas en el límite suficiente para que las personas puedan circular entre sí en algunos trechos. La reproducción del elemento básico realiza dos representaciones: del contexto y del tiempo que antecede a la acción. Sí, es muy importante que el elemento se repita tanto como sea posible, pues el contexto que representa debe estar despersonalizado y la multiplicación es la operación que se usa para pulverizar el elemento en el conjunto. Pulverización es la dimensión predominante de lo que se experimenta, en un primer momento, en la condición metropolitana. También es muy importante que el espacio entre las piezas sea mínimo al límite, ya que el sentimiento típico que experimentamos en ese contexto metropolitano es la angustia; y ésta se encuentra bien representada por la manera de circular en aquel espacio tan exiguo. Lo que aflora en ese telón de fondo creado para la obra, tanto como surge en el contexto metropolitano, es una carencia, que, para ser colmada, demanda acción.

Entonces, en la obra de MAPA, la reacción al contexto es enfática, constituye la operación propiamente dicha: se talla en un prisma indistinto una forma nítida, una sección de un cubo circunscrito. La denominación dada por ellos, “el interior expuesto”, nos puede hacer suponer que los elementos básicos representan edificios verticales en una gran ciudad. De esa manera, el corte nítido expone, como una revelación, lo que allí estaba encerrado, como si se abrieran las paredes exteriores de los apartamentos trancados, como si diera voz a las personas calladas por el aislamiento. Es una especie de paradoja en la que el interior, como una habitación cerrada, se transforma en exterior, como una terraza. Torre oscura convertida en faro; torre muda, en minarete. Las células de aislación se invierten para transformarse en plataformas de diálogo.

Si asociamos la exposición de MAPA a un teatro de la condición metropolitana, como un escenario ideal para el diálogo entre los arquitectos en aquel encuentro, allí los autores serían también los actores, entre otros. En una de las plataformas tan nítidamente detalladas estarían Luciano Andrades, Matías Carballal, Rochelle Castro, Andrés Gobba, Mauricio López, Silvio Machado; en otra estarían Abel Perles, Carlos Bedoya, Víctor Jaime, Wonne Ickx; en otra Ruth Estévez, y así sucesivamente hasta que cada plataforma estuviera ocupada para realizar un evento rico y polifónico con todas las voces posibles, de abordaje amplio, sobre sus intereses en los caminos futuros de la arquitectura.

Creo que el futuro soñado por ellos será, de hecho, el futuro. Y es notable que en los sueños de futuro propuestos en esta exposición también cabe la visión ancestral más profunda de las casas en los trópicos, una forma que nunca tuvo traducción deliberada en el repertorio formal de la arquitectura. Por eso, me parece, es importante subrayar el hecho de que las secciones nítidas propuestas, talladas en los elementos básicos son, de manera esquemática, las cavernas de la Serra da Capivara de São Raimundo Nonato, en Piauí, Brasil. Ancestral de hecho, pues pueden encontrarse allí los registros más antiguos de presencia humana en América del Sur. En aquellas cavernas no había interior, o mejor aún, su interior estaba, como lo propone MAPA en esta muestra, siempre expuesto. La casa ancestral en los trópicos era simplemente terraza. La línea de separación entre adentro y afuera puede no haber existido por esta zona hasta el inicio del proceso de colonización.

Imagine la naturaleza de la materia removida en aquel corte, y el espesor sacado de allí. Esa es la dimensión de superación que entiendo está esbozada en ese encuentro con la propuesta de MAPA para LIGA.

Angelo Bucci