LIGA 18

TACOA

Jardineira

El subibaja inmóvil

Guilherme Wisnik

¿Cómo exponer un proyecto de arquitectura o de urbanismo? ¿Cómo romper la barrera entre realidad y representación que normalmente aprisiona las exposiciones de arquitectura en un dominio eminentemente contemplativo? Esas son algunas de las preguntas que parecen orientar la propuesta del despacho paulistano TACOA para el proyecto de instalación en el espacio LIGA en la Ciudad de México.

De inmediato, me parece muy positivo el hecho de que la propuesta parta de preguntas, y no de respuestas a un problema dado. Sabemos que hoy, en un tiempo en el que las imágenes de las obras y los proyectos llegan de manera instantánea y en grandes cantidades a través de internet, las exposiciones de arquitectura están sufriendo un proceso de reinvención. Además, hay también un problema de base. A diferencia de las exposiciones de arte, en las cuales el público se encuentra delante de las obras mismas de forma física, en las exposiciones de arquitectura estamos invariablemente delante de representaciones de las obras (fotos, diseños, maquetas, videos, etc). Por ello, muchas veces, esas exposiciones parecen gigantescos libros.

Conscientes de esta problemática, los arquitectos de TACOA prefieren aprovechar la ocasión para actuar concretamente en el mundo, eso es, en el espacio exterior de la ciudad, recalificándolo. He ahí la elocuencia de la acción: el espacio de exposición permanece vacío, convirtiéndose en un escaparate privilegiado en donde se puede mirar hacia el exterior. Por lo tanto, ciudad y galería se invierten, ahora la exposición de arquitectura ya no se distingue de una obra arquitectónica real. O mejor, se distingue de manera delicada a medida que crea un lugar de observación de la obra. La exposición es la creación de condiciones propicias para una mirada que va de adentro hacia afuera. Fuera de allí, sin saberlo, las personas pasan por la calle y eventualmente se sientan a fumar un cigarro sobre un largo banco-jardinera creado por los arquitectos, un simple pero sin embargo inquietante mobiliario público que se añade a la ciudad.

Naturalmente inestable, el banco-jardinera de concreto se inclina como un subibaja inmóvil, que nace prácticamente a ras de la calle, de un lado y que sube lentamente hasta despegarse del suelo, para terminar a 80 cm de altura, en un pronunciado balance con el otro lado. Así, si por un lado la obra abandona el proyecto de una exposición de ideas para actuar, de cierta forma, como una mitigación pragmática en el ordinario mundo de la ciudad, renovando las precarias jardineras existentes en el local, por otra, actúa incluyendo una perturbación en el espacio urbano, un banco con árboles que parece listo para volar. El rigor geométrico y la inestabilidad son las cualidades de la pieza que al mismo tiempo hace una referencia discreta a una situación urbana algo frágil y alude a una falta. La falta de estabilidad del suelo de la Ciudad de México, con su propensión sísmica y su origen pantanoso, ya que la ciudad se levantó sobre un antiguo lago. De ahí viene también el aspecto agreste de las plantas que habitan en la jardinera. Menos formas delineadas de las especies ornamentales y más hierbas silvestres que crecen en las charcas, en los bordes de los lagos, como en el antiguo lago de Texcoco.

Matisse decía que él deseaba que su arte fuera bueno como un sillón en el cual el cuerpo de las personas pueda reposar después de un agotador día de trabajo. Aquí, TACOA nos ofrece el apoyo de un banco de concreto suspendido, imaginariamente lúdico, como un subibaja, pero inmóvil. Del otro lado, dentro del acuario de vidrio, el museo está vacío.