
Libro vol. 2, “Arquitectura Expuesta”
Exhibir más allá
Rory Hyde
Suele decirse que la arquitectura no cabe en la galería, usualmente como justificación para exponer sus representaciones: dibujos, maquetas y bosquejos de edificios creados por arquitectos. Hay varias suposiciones contenidas en esta simplificación: que la arquitectura es construir, que los edificios son creados por arquitectos y que los edificios son más grandes que la arquitectura. Para acomodar la arquitectura dentro de la galería es necesario preguntarnos qué es la arquitectura.
Sí, la arquitectura es construir —lo espacial y material— pero también es lidiar con temas más intangibles como la política, la interacción, lo público, la economía y el ambiente, entre otros. Son temas que acontecen a lo largo del tiempo, a través de geografías amplias; son sistemas tanto sociales como diseñados. No sólo no caben dentro de la galería sino que son imposibles de contener. Y, sin embargo, para poder exponer arquitectura hoy en día es necesario abordarla en su forma expandida. ¿Por qué? Pues eso depende de cuál se crea que es el papel de la galería.
La galería es un lugar para observar, para presentar cosas en público con el objetivo de comprenderlas. La decisión de qué cosas se van a exponer determina qué es lo que intentamos comprender. Una exposición de dibujos y maquetas es excelente para comprender las intenciones del arquitecto. Pero una vez más, ésa es una visión muy limitada de la arquitectura. Y quizá más importante aún, es una visión muy limitada de lo que puede hacer una galería. Puede servir para mostrar cosas bonitas o para articular material que nos ayude a entender el mundo. En términos arquitectónicos, la galería puede ser un lugar que ordene aquellas cosas que informan nuestras decisiones como ciudadanos y practicantes. Y, hoy en día, en nuestro mundo radicalmente conectado y en apariencia asediado por corrientes destructivas, estas decisiones atañen al contexto expandido de sistemas espaciales, política y ambiente.
Quizás esta enorme obligación es más notoria en galerías públicas de mayor envergadura, como en la que yo trabajo, el Victoria and Albert Museum, pero argumentaría que, sin importar su tamaño, las galerías deben enfrentarse a estos temas si quieren mantenerse vigentes. De regreso a nuestra pregunta inicial: LIGA tiene sólo 16 metros cuadrados ¿Cómo hacer que quepa todo? Una estrategia es tratar de personificar estos temas dentro de la galería, de presentar un pequeño fragmento a través del cual pueda observarse el todo. Es difícil describirlo de manera abstracta, pero este tipo de proyectos suele girar en torno a eventos, son participativos y colaborativos. Son obras de arte en la medida en que tienen una forma que es posible observar y admirar pero también son hacer obras al fomentar la participación del público o su conexión, de alguna manera tangible, con estos temas globales. Son herramientas para re-concebir nuestro lugar en el mundo y apreciar cómo el diseño puede emplearse para revelárnoslo.
Quizá parezca que nos hemos alejado de la arquitectura, que la exposición de dibujos hermosos ya no es necesaria. Creo que esto es cierto. Tanto la forma en que concebimos la arquitectura como la forma en que la presentamos tienen que reflejar el mundo en que vivimos.
Nuestras vidas ya no se desarrollan en bellos momentos discretos, el equivalente de una villa o monumento hermoso y tranquilo, sino que están influidas por el constante flujo disruptivo de los medios de comunicación, de la política, del cambio climático y de contextos y experiencias inestables. Tanto los diseñadores como los curadores están desarrollando estrategias para operar dentro de este espacio, para entenderlo.
Ésta es una práctica sintética, que atrapa y conjuga vectores a medida que pasan volando a nuestro lado. La galería, el lugar público de esta actividad, se convierte en el nodo donde estos vectores se intersectan, donde las ideas chocan y se unen; es el lugar donde esa burbuja pristina, cuyos límites son los de la arquitectura, finalmente explota.