Ímpetu compartido: arquitectura y curaduría

Carlos Mínguez Carrasco

Libro vol. 2, “Arquitectura Expuesta”

Ímpetu compartido: arquitectura y curaduría

Carlos Mínguez Carrasco

 

Siempre me ha parecido revelador el ímpetu — la ambición, la generosidad– de aquellos que deciden abrir un espacio cultural para la arquitectura. El momento inicial en el que se firma el trato, en el que se dice sí (también en el que se dice no, ya que esos momentos siempre son una conjura, una reacción a una forma de entender la arquitectura con la que no se está de acuerdo), tiene algo de emancipación, de independencia, de alternativa.

También imagino un segundo momento. No es tan glamuroso, pero es más significativo. Imagino ese mismo espacio cinco años más tarde, diez años más tarde, treinta años más tarde. El lugar ha cambiado poco o nada, pero imagino una comunidad fiel, una institución y un acervo cada vez más robustos, una inteligencia acumulada.

El hilo que une esos dos momentos está lleno de un sinfín de pequeñas decisiones sobre cómo presentar y discutir arquitectura.

Escoger, editar, formatear, colocar, presentar, explicar, criticar, revelar, repensar, seleccionar, proyectar, publicar, descubrir, distinguir, esbozar, nombrar, mostrar, todos esos momentos —aunque los llamemos curaduría— son también una forma de diseño.

Los ejercicios curatoriales, ya sea en relación con el montaje de exposiciones, la edición de publicaciones o la organización de grandes eventos se han multiplicado en los últimos años. La curaduría de arquitectura cada vez está más presente en los espacios de producción cultural contemporáneos, sean museos, galerías, instituciones de investigación, universidades, bienales, trienales e incluso han sido incorporados a la plantilla de estudios de arquitectura y a las tareas de los despachos. Cada vez es más común encontrar arquitectos, sin importar su grado de consolidación o formación previa, que trabajan como curadores. Si bien históricamente las exposiciones de arquitectura han ofrecido espacios para la renovación de la reflexión, la crítica y la experimentación de la disciplina, en los últimos años esta condición se ha consolidado y extendido a un ritmo acelerado:

El trabajo curatorial expande los modos tradicionales de ejercer la profesión del arquitecto. Debido a la naturaleza de la construcción arquitectónica, el campo de la curaduría en arquitectura se enfrenta a la imposibilidad de exponer construcciones en su escala, contexto físico, social y legal primigenio. Por tanto, la curaduría de arquitectura ha tenido que recurrir fundamentalmente a dos estrategias: el desplazamiento y la representación. Es precisamente esta imposibilidad de introducir un edificio en la galería lo que crea un espacio de oportunidad para la práctica curatorial contemporánea en arquitectura: dar a conocer las complejidades en las que se inserta la disciplina, analizando los éxitos y fracasos de nuestro entorno construido.

Los formatos expositivos permiten analizar y comunicar la influencia que tiene la arquitectura en la realidad en que vivimos, o viceversa.

No sólo se trata de conocer la práctica disciplinaria, sino el papel que ésta tiene en los procesos culturales, políticos y sociales actuales Esto coloca la exposición de arquitectura en un espacio no tanto de selección.

—el dedo que señala—, sino de diseño de una plataforma abierta, subjetiva, narrativa, de discusión, donde los documentos, objetos y ambientes dialogan entre sí con el propósito de articular un pensamiento. Más. cercano al teatro que a la disertación, más próximo al ensayo que a una reseña, el montaje de exposiciones de arquitectura se encuentra en la intersección de la presentación de dispositivos de investigación y representación arquitectónica, la construcción escenográfica de una argumentación crítica y el diseño de acciones performativas que incluyen objetos, espacios, ideas y cuerpos. El espacio en el que se expone, sus connotaciones institucionales, su naturaleza pública y el diseño museográfico son igual de importantes que los elementos expuestos.

Entiendo mi trabajo de curador como parte de mi práctica como arquitecto. Durante los últimos diez años he desarrollado proyectos curatoriales desde diferentes facetas y marcos institucionales. En un principio a través de la formación PKMN, un equipo de arquitectos fundado en Madrid en 2006, donde empezamos a entender las exposiciones y las intervenciones en espacios públicos como una manera de desarrollar ciertas ideas arquitectónicas utilizando formatos más allá de la construcción de un edificio. Posteriormente por mi experiencia como curador en una institución sin ánimo de lucro como Storefront for Art and Architecture, y de modo independiente como curador de la Trienal de Arquitectura de Oslo en 2016, junto con un equipo de arquitectos que hemos llamado After Belonging Agency.

 

Storefront

Mi experiencia como curador asociado en la institución neoyorquina Storefront for Art and Architecture me ha permitido conocer de cerca múltiples y heterogéneas maneras de exponer arquitectura. Fundada en 1982 por Kyong Park y RL Seltman, Storefront for Art and Architecture es de las pocas instituciones independientes que durante sus más de treinta años se han dedicado de manera constante a exponer arquitectura, así como a explorar su relación con otras disciplinas. Al estudiar, en su archivo, el trabajo tanto de sus fundadores como de posteriores directores —incluyendo a Shirin Neshat. Sarah Herda y Joseph Grima— pueden analizarse los diferentes papeles que el director, que habitualmente operaba también como curador, ha tenido en cada caso: cuál ha sido el papel de la espacialidad expositiva y cómo se ha entendido y presentado la arquitectura (y el arte). Desde la utilización de la propia galería como un solar para comisionar instalaciones site-specific (Unprojected Habit, 1992); la presentación de un argumento en forma de exposición (Queer Space, 1994); la exposición de proyectos y autores poco o nada conocidos en Nueva York (Petra Blaisse en Movements: Introduction to a Working Process, 2000), la reivindicación del papel del arquitecto en una disputa sobre el espacio público de la ciudad (Adam’s House in Paradise, 1984) o la exhibición de las connotaciones políticas de la arquitectura (White House Redux, 2008).

Mi experiencia directa como curador en Storefront, junto con su actual directora Eva Franch i Gilabert, se ha desarrollado en varias líneas de investigación, relacionadas de manera especial con el replanteamiento del papel del arquitecto en la toma de decisiones para la construcción de la ciudad (Letters to the Mayor, 2014-2016); la práctica arquitectónica en un mundo globalizado (OfficeUS, 2014, World Wide Storefront, 2014) y las formas de construcción cultural en un marco neoliberal (No Shame: Storefront for Sale, 2013).

En todos estos proyectos hay una intención, no tanto de exponer arquitectura, sino de exponer para la arquitectura. Al presentar ideas para el avance de la disciplina, estos proyectos curatoriales evitan centrarse en la selección de los mejores despachos o edificios, para producir una plataforma de actuación donde se ensaya de distintas maneras la función del arquitecto y de la arquitectura en respuesta a controversias contemporáneas acuciantes.

Storefront se ha erigido durante años no sólo como un espacio expositivo, sino como un lugar de reunión para la comunidad arquitectónica en constante transformación, con una dinámica de programación de alta densidad. Su programa consta de seis exposiciones al año, eventos semanales, varios concursos anuales, la edición de libros e iniciativas a largo plazo. Pero lo que hace de Storefront un espacio único es su apuesta institucional por el desarrollo crítico y experimental del diseño de la ciudad, el territorio y la vida pública en relación con los problemas más apremiantes en nuestras sociedades contemporáneas. Un espacio que está constantemente poniendo en duda los convencionalismos con los que se construye la cultura arquitectónica.

Siempre conviene recordar al heterodoxo fundador de Storefront, Kyong Park, que en uno de sus escritos, al referirse a la fachada de la institución diseñada por Steven Holl y Vito Acconci, lo puso todo en duda:»No Wall, No Barrier, No Inside, No outside, No space, No Building, No Place, No Institution, No Art, No Architecture, No Acconci, No Holl, No StoreFront. (No Money)».

 

Pertenencia

Como curador independiente he tenido la oportunidad de organizar la Trienal de Arquitectura de Oslo 2016 junto con un equipo de curadores formado por Lluís Alexandre Casanovas Blanco, Ignacio G. Galán, Alejandra Navarrete Llopis y Marina Otero Verzier. El proyecto, llamado After Belonging: A Triennale In Residence, On Residence and The Ways We Stay In Transit, reflexiona sobre la respuesta arquitectónica a la actual transformación de la pertenencia, tanto a los espacios que habitamos, como a los objetos que nos rodean. El proyecto curatorial analiza la agencia de la arquitectura en procesos de transformación social contemporáneos, que van desde la migración, el turismo y los flujos económicos, entre otros.

After Belonging plantea cómo la idea de «estar en casa» se ha redefinido en los últimos años, transformando los espacios que habitamos en sus diferentes escalas de actuación, desde los domésticos hasta los que definen las fronteras nacionales.

En una trienal en la que se estudiaron procesos de construcción de pertenencia transfronterizos, unos espejos del tamaño de una moneda no lograron pasar la frontera —saliendo del Líbano de camino a Oslo— porque tenían la palabra «revolución» inscrita en ellos («Monuments of the everyday», Khaled Malas). En cambio, un pedazo de suelo mexicano, tras una serie de burocracias, pudo atravesar el océano para ser expuesto en Oslo como reflexión de las arquitecturas de remesas. («Longing for Belonging», Frida Escobedo y Guillermo Ruiz de Teresa). La soja, en un proceso que incluye la deforestación del Amazonas con la implantación de granjas de cultivo extensivas, tampoco tiene problema en cruzar fronteras. Es exportada desde Brasil a decenas de países y transformada en comida para peces; en este caso, salmón noruego. («In the Frontiers of Climate Change», Paulo Tavares).

Así se expone en el texto curatorial: no todas las cosas ni todas las personas se mueven del mismo modo.

Nos tomamos nuestro papel de curadores en jefe de la trienal como una oportunidad para el desarrollo de un proyecto de investigación sobre los procesos contemporáneos de construcción de pertenencia y su relación con la arquitectura. Como parte de las primeras acciones programáticas, lanzamos un concurso internacional para la presentación de estrategias de intervención en diez lugares localizados alrededor del mundo que funcionaron como casos de estudio del proyecto. La selección de estos casos de estudio fue fundamental para poder dar a entender las diferentes narrativas del proyecto curatorial a través de casos particulares. Los cinco curadores trabajamos como equipo, tomando todas las decisiones a través de una autoría compartida: desde la escritura de los textos hasta el diseño de las exposiciones, pasando por la selección de trabajos y la edición de los textos para publicación.

Una de las vertientes más importantes de nuestro trabajo en la trienal fue la redefinición de los formatos. Convocamos a más de cien participantes a formar parte de las diversas plataformas curatoriales: la exposición In Residence, sobre el papel de la arquitectura en los procesos de transformación de pertenencia; la exposición In Residence, sobre cómo la arquitectura puede intervenir en diez casos de estudio; una publicación en la que se reúnen ensayos que reflexionan sobre el pasado y el presente de estos procesos; una conferencia en la que se invita a discutir a arquitectos, sociólogos y políticos sobre el futuro de la práctica arquitectónica en relación con cuestiones de identidad, migración y turismo; una academia donde se reúne a más de 120 estudiantes de escuelas de arquitectura de alrededor del mundo para hacer un taller sobre pertenencia y arquitectura y, finalmente, una embajada donde se construye un espacio de discusión que da voz a comunidades minoritarias en torno a ideales relacionados con la «democracia sin Estado».

La experiencia de trabajar como curadores de una trienal nos ha permitido arriesgar en el desarrollo de conceptos y formatos que otro tipo de plataformas institucionales nos habrían impedido. Hemos tomado el espacio de la «Trienal» no como una celebración de los proyectos más exitosos de los últimos años, sino como una plataforma de investigación y de reflexión crítica sobre conceptos que la disciplina arquitectónica no estaba discutiendo.

El hilo argumental, si es que existe algo parecido, que une mis diferentes experiencias como arquitecto y curador es el de tener una vocación pública de discusión y divulgación del impacto que la arquitectura tiene en la construcción de nuestras sociedades, más allá del ámbito disciplinario.

El mayor reto de la práctica curatorial en arquitectura, en la actua-lidad, es precisamente ser capaz de definir un campo de especialización más allá de la mera comunicación de la disciplina. Un espacio de investigación que se especialice en la construcción de pensamiento crítico mediante el encargo, intervención y relación de la producción de obras ajenas como material constructivo.