
Libro vol. 2, “Arquitectura Expuesta”
Arquitectura exhibida, arquitectura expuesta
Isabel Abascal y Mario Ballesterosen conversacionales con Tina DiCarlo
IA, MB Tina, muchas gracias por encontrar el tiempo para participar en esta conversación, misma que contribuirá a la constelación de prácticas articuladas que figuran en el libro de LIGA.
Quisiéramos comenzar preguntándote, en referencia a tu idea de «exhibicionismo» en la arquitectura y en el título de este libro, en tu opinión ¿cuál es la diferencia entre arquitectura exhibida y arquitectura expuesta?
TdC Creo que es una pregunta difícil pero provocadora. La idea principal de apropiarse del término exhibicionismo y usarlo como una especie de provocación dentro del marco de lo que en ese entonces era el discurso emergente sobre exposiciones de arquitectura —tomando en cuenta que ese discurso tiene una historia en sí y que desde alrededor de 1999 ya ha sido teorizado en el contexto contemporáneo- era pensar en exhibir arquitectura como un acto provocador, que hacía algo y que efectivamente estaba ligado al momento de exhibirse. Desde aquel entonces me he alejado de la idea pero creo que en ese momento para mí estaba muy arraigada la noción de ‘agencia’ y ‘agencia de los objetos’ que se estaba discutiendo en la Universidad de Goldsmiths en Londres.
Tal como hemos visto a partir de este discurso expandido en torno a las exposiciones de arquitectura, éstas pueden manifestarse de una multitud de formas y tener una multitud de intenciones, lo cual puede significar cualquier cosa, desde militancia, en donde se espera que la exposición tenga alguna forma de agencia que contribuya a construir un discurso, hasta la arquitectura de instalación, que ocurre en un plano íntimo o que recluta al edificio como sitio para la instalación artística.
Otra opción es una forma de instalación más tradicional, con dibujos, pero que de cierta manera puede resultar más poética, más veraz, más comprobable, más performática, visualmente más bella, que de algún modo y de estar bien hecha anime la imaginación y el discurso más que un pabellón. Otra posibilidad es la exposición documental tradicional que se usa en el montaje para producir o mostrar un cuerpo de trabajo documental y académico. Los formatos más actuales ubicados dentro de la rúbrica del arte moderno y contemporáneo en los que un panel de profesionales contemporáneos, que combina arquitectos y artistas cuya obra se acerca a la arquitectura, la vuelven más legible y fácil de entender para el público actual.
De maneras distintas, podría decirse que todos estos formatos tienen algo en común: mostrar arquitectura. Cuando una exposición hace algo más que mostrar, cuando exhibe, entonces señala algo previamente oculto, imprevisto. De tal modo, una exposición puede hacer algo más: provocar la imaginación, palpar en lo poético, acercarnos algo que aún está por descubrirse, por pensarse, por decirse y así brindarnos intuiciones y experiencias inesperadas. Es más que reunir información. Exhibir sólo como exposición tiene sus límites. La idea aquí es que debemos profundizar en la exposición para lograr algo más —emplearla como medio de invocar otros medios— para que, tal como hace la arquitectura, nos transporte a otro lugar, fuera de los confines de la exposición. Para tal efecto hacemos uso de lo espacial, lo visual, lo temporal. Es algo que no puede lograrse en dos dimensiones, ya sean virtuales o impresas.
IA, MB ¿Cómo se ha desarrollado la retroalimentación entre la práctica de la construcción y las exposiciones de arquitectura durante las últimas décadas?
TdC Siempre ha existido un vínculo, un ir y venir, entre la práctica arquitectónica de construir y las exposiciones de arquitectura. Las exposiciones siempre fueron un punto crítico de contacto entre la disciplina y el público o incluso con órganos de mayor envergadura como el Estado o las instituciones culturales y académicas. Por ejemplo, estoy pensando en la exposición de construcción de Mies van der Rohe de 1931 que contribuyó a formar la identidad nacional alemana. Wallis Miller la analizó en «Tangible Ideas: Architecture and the Public at the 1931 German Building Exhibition in Berlin», su revolucionaria disertación doctoral de 1999. Como en el caso de Mies, los arquitectos siempre han considerado las exposiciones como una parte integral de su práctica.
En décadas recientes, con la expansión del discurso y con la proliferación de las bienales de arquitectura, así como de los espacios dedicados a su exposición dentro de instituciones ya existentes y de otras más recientes como LIGA —una expansión que podríamos comparar con la de las instituciones y galerías dedicadas a la arquitectura durante los años setenta y ochenta – hemos observado un incremento en su valoración, circulación y en su capital cultural. Éste puede implementarse no sólo para construir cosas y generar buena arquitectura, sino para expandir el discurso. También les ofrece a los arquitectos diversas formas de practicar y llevar a cabo sus ideas, de trabajar en la multitud de formas en que la ésta puede ser producida.
IA, MB ¿Podrías compartirnos cuál fue tu perspectiva al trabajar en el Archive of Spatial Aesthetics and Praxis (ASAP) (Archivo de Praxis y Estéticas Espaciales) y su relación con la curaduría y con la arquitectura?
TdC ASAP se desarrolló como un experimento que surgió a partir de una discusión muy temprana que vi desarrollarse en Londres y Berlín.
En aquel contexto, la exhibición de arquitectura parecía expandirse fuera de la arena de la arquitectura per se. La idea del objeto híbrido que existía entre el arte y la arquitectura parecía ser más pertinente que nunca. A mí parecer, este tipo de objetos y exposiciones que emergieron alrededor de 2002 evocaban las prácticas de finales de los sesenta y principios de los setenta. También existía la idea de crear un archivo de prácticas espaciales críticas, buscando de nuevo poner un pie fuera de la disciplina puramente constructiva para enfrentarse a problemas sociales, políticos y ecológicos. La idea era empezar a coleccionar arquitectura a través de distintas disciplinas, pero también con todos los medios con que los arquitectos suelen trabajar: video, texto, instalación, blogs y demás. En aquel momento era una idea presciente. Recibimos mucho apoyo de arquitectos y artistas interesados en participar. De hecho, creo que di mi presentación y crítica más concisa del proyecto en la Universidad de Columbia, en 2014.1
IA, MB Háblanos sobre tu experiencia con el proyecto Drive-In-Marfa.
TdC De hecho, el proyecto Drive-In-Marfa lo inició Joshua Siegel, un curador de video del MoMA que me llevó para supervisar un concurso de arquitectura. Fue un proyecto muy prematuro pero importante, tomando en cuenta que respondía a un paisaje específico y a un periodo en particular dentro de la historia del arte, y que ambos aspectos convergen en Marfa. Estoy refiriéndome por supuesto a las obras paisajistas de Donald Judd y a la Chinati Foundation. Todos estos aspectos fueron definitorios para la ciudad y la atmósfera en la que se formó la galería Ballroom Marfa.
La idea detrás del proyecto era tomar una característica del drive-in y algo muy poco característico del paisaje de Marfa: el tráfico. También era una respuesta a esta historia de los earthworks y una invitación a pensar en el estacionamiento del drive-in y en manejar sobre la tierra, como una forma de dibujar en el paisaje. Otra noción era la de concebir la pantalla como una intervención arquitectónica, algo anclado.
Resultó que el costo del proyecto excedió el presupuesto y no se realizó. Pero fue una época y una colaboración muy especial y fue todo un honor colaborar con una galería tan joven y con una visión tan influyente sobre la escena cultural de Marfa.
IA, MB Tomando en consideración tu labor como curadora de In Collaboration,2 ¿cuál crees que sea el estado actual de la relación entre la arquitectura y las demás dis-ciplinas, y cómo crees que esta relación influya en las exhibiciones de arquitectura?
TdC Creo que siempre ha existido una colaboración entre arquitectos y otros practicantes, así que de cierta forma este artículo era anticipado y un tanto ingenuo. Habiendo dicho eso, me parece necesario y mucho más interesante observar la proximidad entre la arquitectura y otras disciplinas y entender las exposiciones como una construcción interdisciplinaria que implementa las especialidades e intuiciones de cada una para aportar algo diferente a la exposición. De cierta forma, impregna a la arquitectura con otro tipo de vida, con un discurso que de otra forma tal vez no tendría y lo despliega en el espacio de la galería. Por otro lado, en términos de diseño expositivo, los arquitectos aportan un componente muy importante a las exposiciones, que no puede otorgar la mano del curador o incluso la del artista. Creo que este dar y tomar nutre el diálogo y construye exhibiciones fructíferas. Hay ejemplos muy eficaces, por ejemplo la exposición de Thomas Demand de 2008 en la Nationalgalerie en Berlín en la que Caruso St. John realizó el diseño. Otro ejemplo es la exhibición The Bride and the Bachelors: Duchamp with Cage, Cunningham, Rauschenberg and Johns, en el Barbican Center, en la que en vez de convocar a un arquitecto, Philippe Parreno realizó la mise en scène. Otro ejemplo más reciente podría ser la exposición en Somerset, en la que el artista Alexander Brodsky actuó como parte del equipo curatorial y en la que el diálogo no se entabló con un arquitecto sino con el dibujo arquitectónico y con la arquitectura del lugar. La lista es interminable. Recuerdo una exposición pequeña que reunía obras en video proyectadas en formato análogo que mostraban el diálogo de Robert Smithson dirigiendo a Nancy Holt. El sonido y la luz del proyector, los pasos de Smithson y de Holt a través de Swamp imbuían sonido, voz, vida, movimiento y luz a lo que de otra forma podría considerarse simplemente un pabellón arquitectónico estático en escala 1:1. De cierta forma, la película ejecutaba el espacio, lo activaba de una manera en la que ni el pabellón, el dibujo o el texto podían hacerlo.
IA, MB Por último ¿cuáles son los distintos acercamientos para curar una exposición en un espacio tradicional en contraposición con el espacio virtual?
Creo que es inmensamente distinto y de hecho que son dos proyectos diferentes. Tengo un amor sincero por el artefacto y por coleccionar.
TdC Creo con fervor que no existe ningún sustituto para el objeto y para la exhibición de primera mano, y que los medios y el espacio virtual deberian usarse para cosas en las que éstos son buenos, en aquellas áreas donde pueden aportar algo que ni la exposición ni los medios impresos pueden. Ésta fue una de mis posiciones originales mientras estuve en el MoMA y todavía la sostengo.
Un catálogo impreso, una instalación espacial y la web son cosas muy distintas que deberían de emplearse para circular obras, discursos e información de maneras muy diferentes. Un sitio web es esencialmente una exposición y un espacio curatorial. Las decisiones que se toman ahí giran alrededor de la jerarquía de la información, de tener una identidad y de cosas mundanas como la calidad, tamaño y colocación de una imagen. Hay otra serie de preguntas importantes relacionadas con la capacidad de crecimiento de un sitio: ¿cuánta información es demasiada información? Y cosas así. Creo que las exposiciones en línea son posibles, pero también creo que es un medio muy distinto que no puede reemplazar la experiencia primaria del artefacto o la exhibición.
De cierta forma, para mí la instalación virtual está más vinculada a la información y divulgación que a la experiencia de la obra.