No hay espacio para la arquitectura

Wonne Ickx & Ruth Estévez

Libro LIGA vol. 1, “Hasta los espacios pequeños empiezan pequeños”

No hay espacio para la arquitectura

Wonne Ickx & Ruth Estévez.

 

  1. No hay espacio para la arquitectura

En Latinoamérica, no hay espacio para la arquitectura. Eso no quiere decir que falte lugar para levantar nuevos edificios u oportunidades para proyectar y desarrollar; éstas son abundantes, sobre todo si las comparamos con el escuálido panorama actual que prolifera en Europa y Estados Unidos. Lo que falta es, sin embargo, infraestructuras que permitan un contexto de discusión y reflexión en torno a la actividad de diseñar y construir: un cuerpo de instancias, plataformas, publicaciones y filtros críticos que definan la práctica local desde los propios centros de producción, generando el feedback que los arquitectos necesitan para su progreso intelectual. El éxito de los estudios se mide por su capacidad empresarial, priorizando la cantidad de obra construida sobre la calidad, regocijándose en la reproducción de un mismo proyecto en revistas comerciales, o inclusive por su popularidad en Facebook.

La publicación de monografías encargadas —generalmente costeadas por los propios despachos de arquitectura— deja poco espacio para una crítica objetiva y confunde el espectro entre quienes realizan una obra genuina y los que, simplemente, “les va bien”.

Es problemático, además, que el discurso sobre la arquitectura latinoamericana se siga creando desde afuera. La separación entre teoría y praxis suele conducir a una serie de malentendidos, exclusiones y, fundamentalmente, una tendencia constante a la generalización, como si toda la producción estuviera auspiciada bajo un mismo paraguas.

Las pocas veces que la arquitectura realizada desde un país latinoamericano está incluida en el debate global, se hace a través de un enfoque “desarrollista”, enfatizando la producción de índole social dirigida a comunidades marginadas, problemáticas infraestructurales o el derecho a la vivienda. Ejemplo perfecto es el reciente proyecto ganador de la última Bienal de Venecia, donde un reenactment dramatizado de la Torre David en Caracas, Venezuela, se llevó el León de Oro. Cuando se trata de invitar arquitectos latinoamericanos a los circuitos internacionales, es importante que el sujeto a debatir recaiga en su condición marginal. Es por eso que, desde la arquitectura, el diálogo se produce a partir de situaciones consabidas: la megaciudad, la frontera, las favelas, la segregación socioespacial o la autoconstrucción, para garantizar una inclusión desde una perspectiva de centro occidente.

Los arquitectos cuyo trabajo no se relaciona directamente con estas problemáticas regionales tienen pocas oportunidades de encontrar una plataforma cultural de discusión sobre su práctica.

Si la crítica se produce desde otro lugar y además está sesgada por un cierto tono de inclusión paternalista, era necesario fundar un espacio que invirtiese esta mecánica. Un espacio donde las discusiones se hicieran con el convencimiento de que no existe una sola genealogía, sino oficinas con intereses diferentes, pero con ciertas características comunes imposibles de obviar. Un lugar para que las oficinas latinoamericanas invitadas pudieran reflexionar sobre su trabajo sin la presión cotidiana de clientes y el mercado inmobiliario. LIGA-Espacio para Arquitectura-DF surgió como non-profit sin voluntad institucional, apartándose de visiones unitarias para enfocarse en los pequeños detalles. Una plataforma intelectual que, sencillamente, otorgase visibilidad a los que no la tienen, lo cual no deja de ser todo un statement.

 

  1. Miserables castrati

Aunque la historia de las exposiciones de arquitectura está por escribirse —un hot topic en los últimos años— ha sido un lugar fértil para la investigación y la innovación metodológica, extendiendo de manera significativa los límites conceptuales de la disciplina. No en vano, tanto Mies como Le Corbusier emprendieron sus primeras aportaciones importantes a la arquitectura moderna a través de sus canónicos pabellones expositivos, años antes de que la Villa Savoye o la Casa Farnsworth les convirtieran en figuras clave de la arquitectura moderna. Ni qué decir de arquitectos o estudios como The Smithsons, Venturi, Rossi o Koolhaas, donde la producción expositiva ha sido determinante para su trabajo. Los estudios radicales de la Italia de la posguerra, Superstudio y Archizoom, fueron fundados explícitamente para participar en la exposición Superarchitettura en 1966, evento que incluso les sirvió para consolidar su identidad.

Las exposiciones no dejan de ser, sin embargo, una nota al pie en la historia de la arquitectura; pero es precisamente en este contexto donde el discurso se ha definido a nivel de práctica, teoría y crítica. Mientras que la piedra muda de la obra construida puede encubrir con su impositiva presencia el pensamiento arquitectónico, las exposiciones son vehículos por excelencia para aclarar la postura del autor.

Sin embargo, exhibir siempre resulta complejo por su inherente problemática de representación. La arquitectura existe en el mundo real y cuando la trasladamos a la sala de exposición, se transforma en el reflejo de una ausencia. El historiador francés Jean-Louis Cohen lo resume claramente usando la diferencia entre los términos ouvrage y oeuvre: “visto que el ‘ouvrage’ —lo que se refiere a la obra construida— no puede estar físicamente presente en el espacio de la exposición, lo que se representa realmente es la ‘oeuvre’, o este complejo intelectual de intereses, inspiraciones, problemáticas y técnicas que rodean el acto de la construcción”.

Si en las muestras de arte el objeto de deseo está físicamente presente en la sala de exhibición, las muestras de arquitectura se construyen a partir de la ausencia misma del objeto y el deseo interior de poder alcanzarlo. “Entonces, nosotros, miserables castrati, ya que nunca podemos mostrar nuestra cosa, estamos condenados hasta la eternidad a puras representaciones (modelos, dibujos, fotografías) y simulacros”, escribe Jeff Kipnis.

Para iluminar este problema se han planteado dos estrategias: la primera enfatiza la calidad artística de dibujos, planos y maquetas; la segunda recurre a la mímesis, construyendo arquitectura a escala real o enfatizando el diseño expositivo. La primera desvincula el proyecto de su contexto real; la segunda pierde la oportunidad de liberar a la disciplina de su carga programática.

Aquí radica la gran virtud del medio expositivo: por su condición de ausencia, permite una síntesis y abstracción únicas. El ejercicio propuesto por LIGA obliga a los arquitectos a descomponer sus proyectos en fragmentos conceptuales: ideas, intereses, referencias. Es en este proceso donde se activa el pensamiento creativo mediante saltos experienciales que exploran nuevas formas de traducir ideas en espacio.

 

  1. Gente pequeña

La línea curatorial de LIGA no fue establecida desde el inicio. Curiosamente, fue el propio espacio —irregular, triangular y de dimensiones reducidas— el que definió el camino. Sus limitaciones dificultan una exposición tradicional e incentivan la experimentación.

Joseph Grima menciona algo similar sobre Storefront for Art and Architecture: el programa se desarrolló en diálogo con el espacio, cuya fuerte identidad arquitectónica impedía adoptar una visión curatorial convencional.

El trabajo curatorial en LIGA se genera en estrecha relación con el espacio, convirtiendo cada exposición en una instalación site-specific. Esto sitúa las muestras entre el arte y la arquitectura.

Las exposiciones se anclan en el presente y en su contexto inmediato: la ciudad, el caos, la vida cotidiana. En lugar de representar proyectos, generan configuraciones espaciales autónomas vinculadas al pensamiento del arquitecto invitado.

Como metáfora, se puede pensar en la película Auch Zwerge haben klein angefangen (1970) de Werner Herzog. La cámara, situada a la altura de personas pequeñas, transforma radicalmente la percepción del entorno. No representa la realidad: la reconfigura.

De manera similar, las exposiciones de LIGA no representan la arquitectura, sino que producen una nueva realidad a partir de ella. Aquí la escala no es reducción, sino confrontación entre realidades. El espacio expositivo y el contenido generan un nuevo campo de producción.

Proyectar —en lugar de representar— se convierte en el método. Así, se construye un contexto propio, autónomo y experimental.

 

Notas

  1. El 4 de diciembre de 1966, un mes después de la inundación de Florencia, Archizoom y Superstudio inauguraron Superarchitettura, una exposición en la galería Jolly2 en Pistoia.

Archizoom fue fundado por Andrea Branzi, Gilberto Corretti, Paolo Deganello, Massimo Morozzi, Dario y Lucia Bartolini.

Superstudio fue fundado por Adolfo Natalini, Cristiano Toraldo di Francia, Roberto Magris, Piero Frassinelli, Alessandro Magris y Alessandro Poli.

Las fechas exactas no se especifican, pero puede asumirse que los grupos formalizaron su producción antes, durante o inmediatamente después de la exposición. Una segunda muestra, Superarchitettura 2, se organizó en la misma galería en 1967.

  1. Cohen, Jean-Louis. “Models and the Exhibition of Architecture”, en The Art of Architecture Exhibitions, Kristin Feireiss (ed.), Nai Publishers, Rotterdam, 2001, pp. 25–33.
  2. Kipnis, Jeff. “Dear Paula…”, carta abierta en LOG 20 (Curating Architecture), otoño 2010, pp. 85–98.
  3. Grima, Joseph. Entrevista con Tom Vandeputte, “Sites of Experimentation: In Conversation with Joseph Grima”, en OASE no. 88, 2012, pp. 62–67.
  4. Colomina, Beatriz. “Le Corbusier and Photography”, en Assemblage, No. 4 (octubre 1987), pp. 6–23.